SOBRE EL SHIFTER Y OTROS TEMAS DEL DISCURSO

Actualizado: 20 de feb de 2019

(Desgrabación de una clase)



Para que podamos analizar los casos, aparte de la metodología que les di la semana pasada, voy a enseñarles lo que significa un shifter. Shifter significa indicador, es muy útil para encontrar una manifestación de lo inconsciente. Freud nos muestra una imagen de cómo podríamos entender el shifter: “imagínense un campo verde donde el ejército ha escondido en distintos lugares municiones, polvorines, armas”; se supone que a esos lugares son secretos, uno mira el campo y no ve nada, no se sabe dónde están escondidos, es un terreno ondulado lleno de montañas, ríos, árboles. “Pero supongamos, dice Freud, que el general a cargo, para que efectivamente nadie ingrese, junto a cada arsenal pone un soldado de guardia”. Se trata de una señal que dice ‘acá no se puede entrar, no se puede pasar’; digamos que hay una prohibición; sin embargo, con esos soldados ya me dijeron dónde está cada arsenal, porque yo ahora miro el campo y donde veo un centinela ya sé que hay uno.

¿Captan esta imagen? Piensen en la ciudad de Buenos Aires, desde hace unos años, si hay algún ejemplo donde puedan aplicar este concepto.

A: En las instituciones judías.

En las instituciones judías, exactamente; cuando atentaron contra la Embajada de Israel, y luego la AMIA, a partir de ahí todo el mundo supo dónde estaban las instituciones judías ¿por qué? porque se colocaron barricadas.

A: Claro, es la mejor manera de mostrarlo.

Yo no sabía de la existencia de tales instituciones, pero me encontré de un día para otro con una multitud de ellas.

A: Sí, había algunas que no tenían nada afuera.

Aparecieron los tambores de cemento. El shifter por excelencia es la palabra NO, ésta es una herramienta muy importante para rastrear lo inconsciente, cuando ustedes encuentren un no en el discurso (aunque no en todos los casos) si lo sacan van a estar muy cerca de lo que dice el inconsciente.

A: Es verdad.

Si alguien les dice “no creas que yo te quiero perjudicar”.

Por ejemplo: “en mi casa hay una mujer maligna que todo lo estropea, que me cagó la vida; no crean que hablo de mi madre”... Con frecuencia –aunque no en todos los casos- cuando hay un “no”, si lo tachan lo que queda es lo que dice el inconsciente. No en todos los casos, repito; ustedes van a ver muchos no en el discurso de Freud y también en los Escritos de Lacan y no tienen nada que ver con lo que estamos hablando, es el discurso yoico que quiere definir conceptos a través del principio de negatividad, pero cuando hablamos en lo cotidiano ustedes ya tienen un arma muy importante para descubrir las intenciones del otro “no creas que tal cosa” “no es por nada” “dejame tu documento, no es por nada” es por algo.

A: Hay una lógica, cuando hay dos negaciones se afirma.

Claro pero esto funciona con una lógica muy rara. Imagínense una superficie de plastilina, un bloque de plastilina. Vamos a suponer que representa a una parte del psiquismo donde se imprimen objetos o imágenes; yo acá puedo imprimir una silla, pero no hay una impresión en donde diga “acá no hay una silla”, o hay o no hay, el no silla no existe; por lo tanto 1º regla: el no, no existe en el inconsciente. Hay otras cosas que no existen allí, pero no es el momento de plantearlas.

En el discurso grupal, por caso, hay numerosos shifters que indican contradicción: pero, no obstante, sin embargo. Un integrante dice a otro: “Vos sos un tipo genial, yo te reaprecio, te tengo una gran confianza, pero no te salgo de garante”. Vale pues la segunda frase, lo que viene después del “pero”. También ciertos usos del “ahora”: “Este grupo es genial, divino. Ahora... yo quisiera pasarme de turno”.

Hay “peros” que por el modo de ser usados habilitan no la segunda sino la primera frase: “Me echaron del trabajo, mi pareja me dejó, tengo una confusión machaza, pero buéh, vamos a seguir para adelante”. Este “pero buéh” se reemplaza a veces por un “de todas maneras...”

A veces hay shifters-paraguas, por ejemplo la frase “con todo respeto”. Imaginen un programa de radio o televisión donde hay dos políticos. Cuando alguien le dice al otro “con todo respeto” es porque se lo está por perder.

Del mismo modo, los discursos que abundan en diminutivos esconden fuertes tendencias agresivas: “Queridita, corré un poquitito el codito...”

También lo vemos en algunas formas discursivas. Pensemos en un grupo donde se supone que hay consenso ideológico; todos están en contra del modelo económico; si alguien dice “Nos guste o no, hay intervención estatal”, ese ambiguo ‘nos guste o no’ esconde una posición tomada, en este caso a favor de la intervención estatal.

Los chicos aprehenden el espacio primero y después el tiempo. Es un proceso por el cual el psiquismo intenta capturar el mundo concreto. Somos seres del espacio. Nuestro cuerpo tiene dimensiones. Medimos en base a nuestro cuerpo (en la antigüedad el codo, el pie, la pulgada, etc.). Tenemos un cuerpo adaptado a lo espacial y la noción del tiempo la adaptamos al espacio. Es muy importante que captemos este proceso, que supone un trabajo psíquico realizado en el grupo primario; en el grupo primario, a las cosas del mundo real les abrochamos palabras. Una vez hecho este proceso prescindimos del mundo real, si bien nos determina y tenemos que ajustarnos a él permanentemente, nos pone límites y supone la necesidad de tenerlo en cuenta. Tanto el mundo exterior como nuestro propio cuerpo pertenecen al mundo concreto. Sin embargo, ni bien aparece algo de lo real –en el sentido de Lacan-, lo traducimos sin mediación a estos dos registros. Con las imágenes y con las palabras tengo una versión imaginaria y otra simbólica del mundo real, simultáneas.

Si voy caminando y me choco contra una pared, aparece el mundo real, pero ni bien siento el golpe lo traduzco a estos dos registros, imagen y palabra. Mediante un trabajo psíquico imperceptible transformamos lo concreto en imágenes y sobre todo en palabras, pero una vez que llegamos a este registro ya no podemos volver atrás. Hablamos de “la realidad” entre comillas ya que tomamos el concepto en sentido vulgar, pero en rigor la realidad tal como la concebimos no coincide con lo real sino con los registros imaginario y simbólico; lo real es imposible de ser asido, capturado como tal.

El discurso, la palabra, el significante, todo está metido allí; nosotros hablamos en un eje, el eje del tiempo, yo digo una palabra tras otra, no puedo decir dos palabras juntas, todo lo que escribo es lineal, por eso para grabar este sonido yo necesito una instancia lineal, acá en el grabador hay una diacronía corporizada dentro del chip, lo que llamamos “estado sólido”, donde lo lineal se instala y registra en una porción sólida que podría ser una micro combinatoria de transistores; todos cargamos con una diacronía desde que nacimos, un rollo, un cassette, un pendrive con un vasto contenido, y todo eso registrado, aparte de recuerdos, imágenes, etc., principalmente tiene palabras, y ahí es donde quería llegar porque estos mundos volumétricos reales e imaginarios están condensados en una sola dimensión que es ésta; por eso Freud descubrió -en realidad se lo enseñó una paciente- la cura por la palabra, talking cure en inglés, ella dijo esta frase, cura por la palabra, ¿por qué cura por la palabra? Justamente porque si nosotros nos tenemos que curar de algo, ese algo nos lo produjo también la palabra, por ese pendrive que tenemos desde que nacimos en el que nos han ido grabando discurso –y escenas o categorías corporales siempre traducidas a palabras. Nosotros mismos hemos grabado una larga diacronía que tiene efectos concretos en estos dos mundos: todo mi archivo de palabras tiene efectos en este mundo imaginario que son mis recuerdos, mis ideas, mis pensamientos, y en este mundo volumétrico que es mi experiencia concreta de vida. Ahora fíjense cómo se articulan estos tres elementos: yo vivo acá, desde el punto de vista real vivo en este mundo volumétrico, almaceno imágenes, pero a mi vez todo lo que almacené está traducido a palabras, no hay nada de lo que yo haya almacenado que no esté traducido a palabras, así sea que lo recuerde o que no lo recuerde. Les diría que exclusivamente el psicoanálisis se basa en cuestiones del orden de la palabra; de hecho nosotros venimos a un mundo que desde antes de nacer nos espera en una especie de nidito de significantes; nuestros padres han hecho un nido de palabras para esperarnos, nos han puesto un nombre, nos han elegido una profesión, un lugar en la familia, un motivo para la existencia, todo eso es palabra y aunque nadie nos lo diga nosotros lo venimos recibiendo desde nuestro nacimiento; hay toda una historia que machaca constantemente a través de signos de todo tipo, por lo tanto en alguna medida estamos hechos de palabras. Es tan importante este hecho que toda nuestra conducta, nuestros padecimientos, nuestros placeres, están cimentados en un orden de palabras y por eso, si se trata de padecimiento, hay que arreglarlo con la palabra, no hay otro camino porque es la única llave; es como si toda nuestra existencia, nuestra experiencia de vida, entrara por un embudo de una sola dimensión que es el discurso. Discurso quiere decir cualquier dicho, no hablo de discurso político, discurso vamos a acostumbrarnos a llamarle a todo lo que se dice y también al lugar topológico que ocupa el sujeto cuando habla.

El discurso que nosotros desplegamos es un discurso discontinuo porque las palabras son discontinuas, yo digo una palabra, después otra, después otra; estos agujeros entre una palabra y otra no los percibo porque hablo continuamente, pero se trata de una palabra tras otra, y evoluciona en el sentido del tiempo.

Vamos a acostumbrarnos a designar como significante a la palabra, aunque éste sea sólo una parte de ella.

Ahora yo dije tres entidades, los ven ahí, significante, barra, significado; por ejemplo yo digo cuadro, este significante remite a un significado que es eso (un cuadro colgado en la pared) digamos que yo puedo hacer acá el dibujito de un cuadro con un paisaje cualquiera, es lo que yo me imagino cuando me dicen cuadro; tiene además una segunda barra separadora que remite a la cosa cuadro, la cosa que está ahí colgada, la cosa concreta, tocable.

Ven ustedes que el signo en realidad tiene varios pisos, pero con el signo lingüístico llego sólo hasta acá (significante, barra, significado); ahora vamos a ver por qué tiene esta barra separadora. Los lingüistas creían en la existencia de una correspondencia entre lo que está arriba y lo que está debajo de la barra, es decir que cuando yo pronuncio una palabra, ésta remite a la imagen de un objeto único; sin embargo esto no es tan así porque cuadro puede ser cualquier cosa, puede ser un cuadro de fútbol, un cuadro como le llaman en el campo a un terreno para arar, el cuadro de una bicicleta o cualquier otra cosa, y aunque se trate de un cuadro pictórico como ese de ahí, cuando yo digo cuadro ante ustedes, todos se van a imaginar cosas diferentes aunque hablemos de un cuadro de pintura, por lo tanto esto de arriba que se llama significante es algo fijo y esto de abajo es algo lábil es decir variable, inasible, y esta barra ahora entendemos por qué está, se llama barra resistente.

¿Qué queremos decir con barra resistente? Que no hay correspondencia entre una cosa y otra; ya con esto solo tenemos un tema importantísimo en psicoanálisis, que todo el discurso que nosotros decimos es ambiguo, es equívoco, decimos una cosa y se entiende otra, todo es un gran malentendido, si no fuese así no existiría la enfermedad mental; esto que parece una cosa disparatada está ajustado a la realidad: nosotros deformamos, por decirlo de alguna manera, nuestra psiquis con respecto a lo que podríamos llamar “normalidad” por todos estos malentendidos que fundamentalmente se cimentan allá y entonces cuando éramos chiquitos. Por eso uno de los grandes errores que cometemos los padres es hacerles chistes a los nenes, porque los nenes no entienden los chistes, los entienden al pie de la letra, uno les hace un chiste y se ríe con otro adulto y el nene coaguló ahí una imagen que después va a tener efectos porque él no entendió el chiste, y aun así todo lo que no saben los chicos del mundo y de la realidad lo van llenando con fantasía, no tienen información, entonces recurren a la fantasía. Toda esta fantasía está organizada como un discurso, y eso deriva en nuestras conductas adaptadas o desviadas de adultos.

El hecho de que haya acá una barra resistente supone que entre la palabra y la imagen de la cosa -ya no hablemos de la cosa, hablamos de la imagen- ya hay un vacío, y la imagen que me remite a la cosa en sí, el objeto, entre la imagen y la cosa hay un vacío todavía mayor. De manera que yo no trabajo con cosas, trabajo con palabras y con imágenes, en última instancia con palabras pero nunca con cosas, yo la cosa en sí no la voy a poder agarrar nunca porque ¿qué tengo que hacer para apropiarme de ese cuadro, medirlo, analizarlo, hacer un análisis molecular, pesarlo? millones de cosas y nunca voy a terminar de saber qué es ¿qué es en realidad? una imagen, un papel, una mezcla de colores, representa algo, no sé, la cosa en sí está por lo tanto para nosotros perdida; está bien ustedes dirán todos los días trabajamos con cosas, nos sentamos en sillas, etc., pero eso es nuestro contacto con el mundo real y sin embargo no llegamos a captar la totalidad de esa cosa, nos quedamos con la imagen que tenemos de esa cosa y con su nombre. Por lo tanto estos vacíos vamos a tener que llenarlos con algo, y ese algo se llama fantasía.

A: Ese vacío, cuando usted dice que hay un vacío...

Vacío quiere decir que hay un salto en donde no hay nada en el medio.

A: Hay un espacio.

Claro, hay una discontinuidad, son categorías totalmente diferentes; yo me puedo contactar con un caballo acá y un finlandés con otro idéntico en Finlandia y el caballo puede ser el mismo, pero las palabras son diferentes, entonces hay discontinuidad, hay un vacío, y por supuesto que yo me voy a manejar con la imagen de ese caballo, cosa distinta para cada uno de nosotros, por lo tanto ahí va a haber algo ambiguo; seguramente nos vamos a poner de acuerdo acerca de lo que es un caballo, pero los dos vamos a imaginarnos cosas diferentes, sobre todo porque este caballo existió en mi vida, y también en la tuya, pero en circunstancias diferentes, por eso la comunicación humana está llena de malentendidos, porque el significado es muy variable y aparte porque me evoca muchas cosas. Yo digo cabo y ¿qué es un cabo?

A: Pero eso no es malentendido o ¿a eso le llamás malentendido?

A eso le llamamos malentendido en psicoanálisis. Malentendido quiere decir un no entendimiento pleno. Quiere decir que hay margen para cualquier cosa.

A: Sería como distintas interpretaciones.

Ponele, llamalo polisemia, que remite a los múltiples significados de un solo vocablo; yo digo cabo y puede ser un accidente geográfico, un suboficial o un pedazo de cuerda, pero además ese cabo está metido en un discurso en una frase que tiene otro signo antes y otro signo después, de manera que la ca y la bo pueden estar ligadas con uno o ambos.

A: ¿Tiene que ver con la asociación libre que no es tan libre?

Sí, tiene que ver con eso, por eso dice Lacan que hablamos en pentagrama; el discurso “oficial” es uno, pero vienen en paralelo otros distintos discursos que están siendo evocados en ese momento.

Por eso los tres textos fundamentales de Freud, los “textos canónicos”, hablan de esto: El chiste y su relación con el inconsciente, Psicopatología de la vida cotidiana y La interpretación de los sueños. Los análisis freudianos hablan del lenguaje y el psicoanálisis se basa en el lenguaje. Esa estructura binaria es lo más elemental y en cada uno de nosotros se manifiesta de una manera diferente, y ahí están las diferencias clínicas, uno es un psicótico, otro es un perverso, otro un sadomasoquista, etc., están todos acá pero hay que ver cómo tramitan ese binariedad, qué tiene que ver con la palabra, por eso para hacer clínica volvemos a la palabra, a la cura por la palabra.

La cosa está perdida, la pueden estudiar, le pueden hacer un análisis molecular, analizar hasta sus últimos electrones, pero después viene otro científico que dice: el electrón no es la parte más chica, la más chica es el quark, y años más tarde otro dice “no, lo más ínfimo de la materia son las supercuerdas; no hay posibilidad de captarlo en su totalidad, yo tengo una versión, vamos por la vida sin hacer estos análisis, simplemente nos conectamos con reflejos de las cosas, y esos reflejos nos sirven bastante, no necesitamos más, pero ¿puedo acceder al objeto real? Ya antes del psicoanálisis Kant dijo que no, le llamó la cosa en sí, y está perdida, tenemos sólo una versión, inclusive de nosotros mismos, esto es inabordable.

Hablamos con una perspectiva ilusoria de lograr una sutura. Cuando yo pregunté qué es lo central del psicoanálisis, ustedes dijeron: la falta. Hay un vacío y hay un lleno (hipotético), mi vida es el recorrido de lo vacío a lo lleno, pero nunca llego allí, gracias al cielo; porque mientras yo voy llenando se abren otros vacíos, consigo cosas y creo que lleno, pero necesito más, est5a es la cuestión del deseo, siempre insatisfecho. Cuanto esto esté lleno estaremos muertos.

El coordinador o el analista escucha y hace lectura, está atravesando la duplicidad del discurso con ciertos instrumentos, está leyendo lo latente; en un grupo, cuando los integrantes interactúan, hay un aporte de múltiples discursos, hay un despliegue de afectos que no siempre están visibilizados, suelen estar ocultos. Los grupos, las personas, las instituciones, son objetos opacos a la mirada; necesitamos algo para atravesar esa opacidad.



53 vistas1 comentario

¡A T E N C I Ó N!

Clases y Secretaría funcionan online

exclusivamente, hasta nuevo aviso, por razones de público conocimiento.

Echeverría 1442 (galería), Entrepiso 41. C.A.B.A.
Tel. Fijo: +54 11 4555-1326

Móvil: +54 9 11 2723-2303 WhatsApp

info@escuelapsicoanalitica.org

 

© Desde 1998: Escuela Psicoanalítica de Psicología Social